15 Marzo 2011

NOVIAS EN APUROS I



Acabas de entrar en la recta final. Quedan poco días o incluso pocas horas para el día “Boda”. Parece mentira pero has conseguido sobrevivir a todos los preparativos de la boda, has podido contentar a tu madre y a tu suegra y has convencido a tu novio con algunos detalles a los que se resistía. Parece que todo marcha viento en popa, cuando de repente surge algún imprevisto de última hora. Tranquila, coge aire, relájate y piensa que no hay nada que no pueda arreglarse. Atidemi Novias te cuenta algunos problemillas a los que quizá tengas que enfrentarte en el último momento y cómo solucionarlos para que el día de tu boda sea muy especial.

1. ¡El traje no me sienta bien!
Suele ser habitual que con los nervios de la boda y todo el estrés que conlleva organizar los preparativos, tu cuerpo se resienta. Lo normal es que durante las últimas semanas pierdas algo de peso fruto de las jornadas maratonianas en las que te has visto inmersa supervisando todos los detalles. Por regla general, la última prueba del vestido de novia se hace tan sólo unos días antes para poder arreglar ese pequeño desajuste, sin embargo, si esto no ocurre, y el vestido no te queda como esperabas, no desesperes. Ten a mano para ese día a una persona que sea diestra con la aguja, sea un familiar, una amiga o tu vecina. No haya nada que unos cuantos puntos de costura no pueda arreglar.

2. ¡No me caso!
Las peleas con tu pareja antes de contraer matrimonio son otro clásico del que no suele escapar ni la relación más perfecta. Seguro que en más de una ocasión, después de haber reñido con tu novio, desearías cancelarlo todo. Aunque parezca que vuestras posiciones son irreconciliables, recuerda que esas disputas están originadas por el estrés de la boda. Antes de hacer algo de lo que luego te arrepientas, deja pasar unos días, analiza el problema con perspectiva e intenta dialogar con tu pareja desde una actitud positiva. Lo más importante es que lleguéis a un acuerdo. Si hay algo en lo que no cede, aprovecha para pedirle a cambio alguna otra cosa en la que él no esté de acuerdo.

3. Tengo que cambiar mi viaje de novios
Quedan pocos días para que te vayas de luna de miel. Llevas anhelando ese momento desde hace meses. Habéis decidido viajar a ese destino de ensueño, tenéis prácticamente las maletas hechas, cuando de repente, enciendes la televisión y salta la noticia: un hecho inesperado o una catástrofe te impide viajar al país donde pensabas disfrutar de tu viaje de novios. Ocurre en muchas ocasiones. Si no, haz memoria. Thailandia cuando sufrió el terrible maremoto que asoló sus costas; Méjico con el estallido de la Gripe A, o Nueva York en aquel fatídico 11 de Septiembre. Son cosas que no se pueden prever y que te obligarán a cambiar tus planes. Lo más importante es que no te desesperes. Habla con tu agencia de viajes, ellos se encargarán de buscar un viaje de las mismas características que el que pensabas hacer. Hay muchos lugares increíbles para visitar. Y consuélate pensando la suerte que habéis tenido al no haber vivido durante tu viajes esas circunstancias tan desafortunadas.

4. ¿Novia lluviosa, novia dichosa?
Ya se sabe que los refranes encierran la sabiduría popular, pero seguro que si él día de tu boda amanece con rayos y centellas, este dicho no consiga animarte. Sol y temperaturas agradables es lo que todo el mundo anhela, sin embargo, la meteorología es uno de los pocos imprevistos que no podremos controlar. Si días antes del enlace anuncian lluvias y tu boda estaba prevista al aire libre, cerciórate que el lugar donde celebrarás la boda tiene un plan b para esos casos. Lo habitual es que sea así, y es además uno de los puntos más importantes a tener en cuenta a la hora de elegir el espacio en el que te casarás. Aunque la boda se celebre en temporada estival, lo mejor es que no te arriesgues.

5. Desencuentros con la familia
¿Por qué será que en cuanto una dice que se casa todo el mundo quiere opinar? La familia propia y la política es algo con lo que tendréis que convivir, sin embargo, no olvides que esta es tu boda y tú tienes la última palabra. No es nada extraño que tu madre, tu suegra y tu hermana quieran imponer su criterio, sobre todo si ellas financian parte del enlace, lo que suele ocurrir en muchos casos. Si se ponen muy pelmas, habla con ellas e intenta que entren en razón. Al fin y al cabo eres tú la que te casas y no ellas, aunque es más habitual de lo que crees, que piensen que ellas son las protagonistas. Si son implacables, cede en los pequeños detalles. Y si no, siempre puedes amenazarles con que tú y tu pareja habéis decidido casaros solos en Las Vegas


TEXTO: REVISTA ATIDEMI NOVIAS - Mónica Cayuela


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